martes, 26 de junio de 2012

Mejorar la democracia


 En la columna anterior combatimos la idea de que los problemas del país se pueden resolver con un impasse democrático; es decir, con la suspensión, por un período determinado, del funcionamiento de las instituciones democráticas y su sustitución por una especie de junta de salvación nacional. Junto con otras personas hemos señalado los peligros que entraña jugar a aprendiz de brujo: desatar fuerzas que luego no se pueden controlar.

 No podemos, sin embargo, mirar hacia otro lado e ignorar los problemas que enfrenta esta añosa democracia, producto en gran parte del desajuste ocurrido entre el sistema político y la matriz económica. Desde los años ochenta, con los programas de estabilización y ajuste estructural, cambió radicalmente el esquema productivo del país. Desde entonces el sector primario (agricultura, silvicultura y pesca) ha perdido importancia dentro del conjunto de actividades productivas, aumentando la del sector manufacturero y, sobre todo, la del sector servicios. La composición de las exportaciones se diversificó enormemente, se sofisticaron los esquemas productivos, y se modificaron leyes e instituciones estatales relacionadas con el comercio exterior.

 Estos cambios tuvieron impactos inmediatos en la composición de la sociedad, que se volvió más compleja, con nuevos sectores, distribución espacial y desigualdades. Mientras tanto, nuestras instituciones políticas siguen siendo las mismas que se diseñaron hacia mediados del siglo pasado, para una sociedad que ya no existe. Al conjunto de instituciones políticas le pasó lo mismo que al sistema de carreteras, que no se modernizó a tiempo y que, por tanto, no puede responder en forma rápida y eficiente a las demandas de hoy. Estamos atascados y de ahí la desesperación que nos embarga.

 El número actual de diputados no es suficiente para representar una población que en los años cincuenta del siglo pasado apenas llegó al millón de habitantes y que hoy se ha multiplicado por cuatro. Pero tampoco el mecanismo empleado para elegirlos goza de legitimidad social extendida y no cumple con la función de representación. Las gentes viven con una sensación de alejamiento con la Asamblea Legislativa, que les hace reaccionar con cólera ante lo que ahí pasa, porque sienten que tiene relación con sus vidas pero no les es posible influir en la dirección y alcance de lo que ahí se decide. La relación entre representantes y representados está rota.

 Para empezar, entonces, hay que discutir sobre los sistemas de elección de diputados, para ver cuál es el que conviene al país hoy. Por ahora no tenemos respuesta cierta, pero de lo que sí estamos seguros es que la gente no quiere seguir votando por listas cerradas y bloqueadas sin ningún filtro. No quiere que las cúpulas partidarias sigan manejándolas con estrechos criterios de lealtad personal o servidumbre partidaria. Hay una demanda de participación que no se puede ignorar.

miércoles, 20 de junio de 2012

Quien no ha sido descalzo…


Un sentimiento de frustración recorre la nacionalidad. Frustración por la incapacidad gubernamental para tomar decisiones y ejecutarlas, por el despilfarro de la trocha, por la irresponsabilidad de funcionarios y diputados, por la falta de visión de los políticos, por la corrupción galopante y, en fin, porque nada o muy poco sale bien. Lamentablemente la trocha fronteriza se ha convertido en el símbolo de todo eso.

No son pocos los que sienten que este gobierno acabó, y que nada nuevo nos espera por ese lado en lo que resta del año y en 2013. Sensación a la que contribuye fuertemente el Partido Liberación Nacional, que en lugar de arremangarse y buscar cómo ayudarlo a salir del atolladero, está enfrascado en una prematura lucha de precandidaturas, con la vista puesta en las elecciones de 2014. Un círculo vicioso que se completará una vez entronizado Rodrigo Arias en la candidatura presidencial.

Pero también la oposición es culpable de este clima nacional, porque en sus tiendas no se observa ninguna señal positiva, indicadora de una alternativa a lo que tenemos. Partidos divididos y subdivididos, incapaces de comprender las señales de nuestro tiempo, sin perspectivas reales, enfrascados en estériles luchas por el poder, no están preparados para presentar una propuesta capaz de movilizar al grueso del electorado que hoy dice carecer de partido.

Ante esa situación han salido voces nada despreciables, a sugerir la conformación de una especie de junta de salvación nacional, que en un cierto plazo ponga orden y concierto en el gobierno y en el conjunto de instituciones públicas, y que, una vez concluida su tarea, llame a elecciones para restablecer un régimen democrático renovado. No dicen nada sobre el procedimiento de integración de la junta, sobre sus funciones reales, ni sobre las bases del poder que le permitirían hacer cambios radicales. Porque se trataría de un rompimiento del orden democrático y del establecimiento de un gobierno de facto que, por más blando que llegara a serlo, sería ni más ni menos una dictadura.

No se dan cuenta quienes acarician tal idea, quizás con las mejores intenciones, que de tal experimento podría salir algo mucho peor que lo que tenemos y con un enorme sufrimiento social, incluyendo la posibilidad de violencia estatal desatada con su legado de tortura y muerte. Ninguna dictadura es cosa de juego. Una vez establecida adquiere su propio perfil, intereses y dinámica, dejando atrás los supuestos objetivos originales de bienestar general. El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

Seguramente las personas que conviven con nosotros, provenientes de países de América Latina que pasaron por períodos dictatoriales, nos deben mirar con una mezcla de misericordia y enojo por la insensatez de pensar en tales salidas.

Los problemas de la democracia solo se resuelven en democracia. Pero por hoy tenemos que parar; otro día seguiremos con este tema.

martes, 12 de junio de 2012

De aquí y de allá


Sentado, mirando la entrevista que le hiciera a Justo Orozco en Telenoticias su directora, la periodista Pilar Cisneros, no podía dejar de pensar en las mejores películas de Cantinflas, el gran cómico mexicano. Solo que Cantinflas decía lo que decía para divertir, pero Orozco lo dice en serio. Si sus actuaciones no perjudicaran, como lo hacen, a grupos concretos de costarricenses, podría pasar a la historia política del país como un mal chiste; pero lamentablemente, como hemos dicho, no es así. Es un indicador más del profundo bache en que ha caído la Asamblea Legislativa. Me pregunto: ¿los sinceros creyentes cristianos no católicos se ven reflejados en Orozco de alguna manera? ¿Y los católicos?
 
Definitivamente Rodrigo Arias está dispuesto a pasar la página, dejar atrás al gobierno de Chinchilla y concentrarse en la candidatura para el 2014. No lo dice abiertamente, pero sí con sus acciones. Si consigue la candidatura presidencial en marzo, como posiblemente lo hará, doña Laura podría enfrentar tempranamente el peligro de la irrelevancia política durante el resto de su gobierno. Porque la fracción del Partido y la mayoría de los ministros fijarán ojos y atención en lo que diga y haga Arias.

Ottón Solís ha anunciado que se retira por un tiempo de la Comisión Política del PAC. Se baja del tren y espera el siguiente, el que transporte al candidato del Partido a las próximas elecciones. Una pausa conveniente para él y para la Comisión. Seguramente seguirá opinando e influyendo en las decisiones de los órganos del PAC, pero la tensión interna podría disminuir. ¿Y si no se vuelve a subir al tren?

Después de su viaje a Europa, doña Laura volvió a la carga en el asunto de la trocha fronteriza, pero esta vez para atajar las críticas y defender lo hecho, señalando que se trata de una obra en construcción, que no hay errores, aunque sí “faltantes”, y que dejemos de darle armas al “enemigo”. ¿Haciendo de nuevo lo del avestruz? 

Lo de la Autoridad Reguladora de Servicios Públicos (ARESEP) no huele bien: aumentos de salarios por encima de lo decretado para el sector público, muchos funcionarios contratados en los últimos cinco años, elevado pago del alquiler de un edificio en Guachipelín, y los gastos en consultorías disparados. Según se ha dicho, este año ARESEP tiene presupuestado invertir más de ¢1.300 millones para contratar servicios externos. Se siguen gastando sin ton ni son los dineros que pagamos por impuestos y demás.

Finalmente, la Caja sigue dando de qué hablar: medicamentos que se compran a destiempo y por sumas muy por encima de su precio real; pacientes sin acceso a medicinas por más de un año, y 53.792 mamografías pendientes –aunque las autoridades dicen que son menos--, con el consiguiente perjuicio para la salud de miles de aseguradas. ¿Hasta cuándo tendremos que esperar para que los problemas de la Institución se solucionen?

 


martes, 5 de junio de 2012

Restaurar la dignidad de la política


Por política entendemos el conjunto de acciones y decisiones que incumben al gobierno de la sociedad. Acciones y decisiones realizadas por la ciudadanía directamente o a través de los mecanismos formales definidos por constituciones y leyes, y también mediante el uso de otros mecanismos de carácter informal, como los movimientos de presión. 

Como sabemos, la soberanía reside en el conjunto ciudadano, y este la delega, en la mayor parte de los casos, en funcionarios electos y cuerpos representativos. Lo que se hace en esas instancias es lo que comúnmente denominamos política, y sobre ella terminan enfocadas las miradas del conjunto social. Se espera que la política no solamente se realice dentro de los márgenes de la legalidad, sino que también se practique con dignidad.

En nuestro país la política ha ido perdiendo esa dignidad para convertirse en un ejercicio de chapucería. Cada día que pasa una buena parte de la jerarquía del gobierno, la mayor parte de quienes integran el poder legislativo y también algunos miembros del poder judicial, se encargan de pisotearla y de desacreditarla, disminuyendo así la confianza ciudadana en la institucionalidad democrática.

¿Qué pretenden con sus discursos y acciones? Porque consciente o inconscientemente nos están acercando, como sociedad, cada vez más al abismo. Las muestras de insensatez, por no decir de cretinismo, son cada vez mayores. Lo último, por supuesto, la elección de Justo Orozco como presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Asamblea Legislativa. El anuncio parecía un mal chiste, pero desafortunadamente no lo fue.

Llegó a esa posición en virtud del acuerdo fraguado por la fracción liberacionista con el PASE, que necesitaba de uno o dos votos más. El problema es que Orozco, que presume de educador, matemático y abogado, es un personaje con un pensamiento atiborrado de intolerancia, incultura, prejuicios, dogmatismo e ignorancia, todo adobado con una salsa dizque cristiana, que lo inhabilita para presidir esa comisión. ¡Así valora los derechos humanos el PLN!

El tema Orozco es solamente otra de tantas muestras de la profunda degradación de la política nacional. Fracciones legislativas divididas y subdivididas, sin norte ideológico y sin perspectiva de mediano y largo plazo, vagan por el escenario político ante los ojos de una ciudadanía parcialmente inmovilizada por la esperanza, cada vez más lejana, de que se produzca un punto de quiebre que nos permita dejar atrás la acongojante situación actual.

Pero esos quiebres no se producen por generación espontánea. Hay que empujarlos y esa responsabilidad compete a toda la ciudadanía consciente. Los partidos, enfrascados en insubstanciales luchas por el poder, tanto dentro como fuera de ellos, carecen del músculo necesario para provocarlos. La restauración de la dignidad de la política, entonces, tendrá que venir de lo mejor de la sociedad civil.