lunes, 31 de marzo de 2014

¿Cambiar para que todo siga igual?



En la novela “El gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, uno de los personajes pronuncia una frase que se ha vuelto expresión del cinismo en la política:  “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”.  A ese tipo de pensamiento se le ha llamado “gatopardismo”.

Me pareció oportuno hacer la cita, ahora que estamos a pocos días de la segunda ronda electoral, porque el tema del cambio ha estado presente en toda la campaña, aunque bajo ropajes diferentes.  Pero el cambio del que unos hablaban era diferente al que apuntaban otros.  Lo cierto es que ante una situación nacional calamitosa, todos los que disputaban la presidencia tenían que introducir de alguna manera en sus discursos el tema del cambio.  La mayoría de los contendientes, sin embargo, seguramente podrían ser calificados de “gatopardistas” conscientes o inconscientes.

De cara a las elecciones del próximo domingo solamente tenemos una posibilidad real de escogencia:  Luis Guillermo Solís.  Porque el otro candidato ha dado tantas muestras de debilidad e inconsistencia que, aunque formalmente sigue compitiendo, lo cierto es que abandonó el campo dejando a sus partidarios sumidos en la confusión.  No me cabe en la cabeza cómo se puede pedir el voto por él, quien prometió un cambio en lo que ha sido la práctica en política económica y social de los gobiernos del PLN, pero que a la hora de los tiros se “jaló”, como se dice en el habla popular.

Luis Guillermo Solís ha prometido también cambios.  Que el PAC llegue al gobierno de la República es un gran cambio, dentro de un panorama histórico político dominado por dos partidos:  el PLN y el PUSC, éste último con trajes diferentes a lo largo de más de setenta años.  Pero los tiempos de ese “pasabola” dentro de la misma cancha llegaron a su fin.  Se encargaron de ello los mismos resultados obtenidos, y un cambio en los jugadores y en la cancha se ha impuesto. 

Sin embargo, no podemos esperar que de la noche a la mañana todo cambie, por más buenas intenciones que tenga Luis Guillermo Solís, dando por descontado que va a ser electo el próximo domingo. 

Me conformaría con la implantación, desde el inicio de la nueva administración, de un estilo campechano y dialogante del ejercicio del poder; con un presidente que no tenga miedo a admitir equivocaciones cuando ocurran; con el establecimiento de la ética en la función pública como norte para la acción gubernamental, que ayude a adecentar la política; con el enfrentamiento efectivo de unos pocos de los grandes problemas que nos aquejan, como la infraestructura, el déficit fiscal, y la situación del Seguro Social; con la ejecución de medidas tendientes a la reducción de la desigualdad social y, finalmente, con una administración que abra perspectivas de cambio social y político real, más allá de los cuatro años que le tocará gobernar.

¡Con esas expectativas voy a ir a votar el domingo, ya sabrán por quien!

lunes, 24 de marzo de 2014

Incertidumbre



Se han hecho largas estas semanas, después del 2 de febrero.  Es generalizada la opinión de que la suerte está echada y que Luis Guillermo Solís será confirmado como presidente de la República el próximo 6 de abril.  Pero hay incertidumbre sobre el número de votos que obtendrá en una elección donde el otro candidato dice –y no puede en realidad—que no ha renunciado y se mantiene en la competencia en una suerte de lánguida presencia.

Aunque hay que señalar que en los últimos días la presencia de Araya en los medios se ha incrementado y se rumora que ha venido creciendo la actividad de las dirigencias liberacionistas en distritos y cantones.

También hay incertidumbre en varios grupos de interés, sobre todo en el sector empresarial, porque se enfrentan a una situación desconocida para ellos.  Acostumbrados a gobiernos del PLN y del PUSC, cuyas políticas económicas y sociales corrían paralelas, como los rieles del ferrocarril, la llegada al gobierno de un partido que nunca ha gobernado y que ha cuestionado algunas de esas políticas, necesariamente produce temor a un cambio cuyos contornos se desconocen.  Las seguridades del pasado ya no existen.

Esos sectores han venido funcionando con un umbral de incertidumbre muy bajo.  Es decir, que se acostumbraron a tener la sartén por el mango, como se dice popularmente, y ahora la situación ha cambiado.  Es bueno recordar que las decisiones de política económica han estado en los últimos treinta años en manos de un reducido grupo de economistas partidarios de la apertura comercial, de la preponderancia del mercado sobre el estado, de la reducción del tamaño del sector público, de la privatización de instituciones y de la disminución del gasto en programas sociales.  Un grupo que se ha movido entre el PLN y el PUSC sin problemas de lealtad partidaria.

Así que las dudas afloran y ha aumentado la presión sobre el candidato Solís para que ofrezca seguridades en uno y otro campo, y para que proporcione los nombres de las personas que encabezaran el Banco Central y el Ministerio de Hacienda, que posiblemente no serán del grupo de economistas señalado.

Cierto es que ignorando ese clima de suspicacia, algunos de los copartidarios de Solís hacen afirmaciones inoportunas que inmediatamente disparan alarmas.  Las llamadas “vocerías” que trataban de evitar ese tipo de salidas parece que no han funcionado como se esperaba, lo que no es difícil de entender en la situación que vive en PAC en estos días, que no es precisamente la más adecuada para mantener todos los factores bajo control.

Así que el candidato se ha visto obligado a apagar incendios, porque si no lo hace, las inversiones podrían paralizarse al menos momentáneamente y el fenómeno de la fuga de capitales podría presentarse, con los consiguientes daños a la economía del país y a la imagen del nuevo gobierno.

Unas  cuantas cucharadas de tranquilidad no caerían mal, señoras y señores empresarios.

lunes, 17 de marzo de 2014

Cordura y respeto



Las crisis son una oportunidad para probar la madera de la que están hechos los actores políticos, tanto individual como colectivamente.  Si la madera es mala o está podrida, corren el peligro de partirse e irse a pique, cual viejos barcos en una mar embravecida.

Los resultados de las elecciones del 2 de febrero y el singular abandono de Johnny Araya ("Nunca he renunciado a la candidatura a la Presidencia de la República… Lo único que hice, y eso deben tenerlo claro los costarricenses, es que tomé la decisión de no estar en contienda…"), han mostrado la situación de postración en que ha caído un partido que nueve veces ha conducido gobiernos a lo largo de 62 años de historia política de este país.  En las dos últimas dos semanas hemos asistido a un conjunto de respuestas inconexas y contradictorias de una dirigencia incapaz de reaccionar, pasada la sorpresa y la confusión inicial, con la contundencia y la coherencia que demandaba el difícil trance provocado por la cuestionada decisión de Araya.

En ausencia de un liderazgo claro las iniciativas individuales y de grupo se han disparado por todos lados, sin orden ni concierto.  Desde la formación de comisiones para dirigir lo que resta de “campaña”, pasando por las promesas ante la tumba de José Figueres Ferrer, de que la “lucha sin fin” continuará, hasta la entrega de la estafeta al candidato a la vicepresidencia Jorge Pattoni para que visite comunidades y llame a votar nuevamente por el PLN, sin saberse exactamente con cual propósito.  Lo único que ha faltado es la organización de rogativas a la Negrita para que salve a un partido que se hunde.

Ha faltado cordura y no ha habido respeto para el electorado, sobre todo para quienes todavía siguen votando verde y blanco sin entender que el PLN del pasado ya no existe.  Pero quizás sea mucho pedir a una dirigencia que no se ha dado cuenta que el país cambió, que las inercias del pasado ya no son suficientes para ganar elecciones, que cada vez es mayor el bloque de los sin partido y que buena parte de la gente está harta de un ejercicio del poder que ha terminado beneficiando a pocos y que ha propiciado la corrupción.

Como en política no puede pronunciarse a nadie el “requiescat in pace” prematuramente, digamos que la rehabilitación del partido es posible, aun cuando todavía no se vislumbre con claridad quien o quienes lo guiaran en la difícil etapa que se ha iniciado.  Va a la oposición sin la claridad de otros tiempos ni con el liderazgo de entonces.  La actual dirigencia, más allá de las declaraciones solemnes y los gritos plañideros, debería reconocer la gravedad del paciente y la necesidad de un diagnóstico correcto, antes de empezar a consumir medicinas que, sin la receta adecuada, podrían agravar la situación.

 

En los tiempos que corren se necesita mucho más que una retórica socialdemócrata vacía para movilizar mayoritariamente a un electorado cada vez más informado y exigente.

lunes, 10 de marzo de 2014

Toque de retirada



http://www.pedresdegirona.com/Imatges/corneta_leipzig.jpgHace poco más de un año, a principios de enero de 2013, el precandidato Rodrigo Arias anunció sorpresivamente su renuncia, dejándole el campo libre a Johnny Araya.  No pocos se quedaron colgados, porque le habían dado su adhesión, incluyendo a dieciséis diputados de la actual fracción liberacionista, que lo hicieron en la mañana del 19 de diciembre de 2012.  En ese acto, Arias dijo lo siguiente:  “Ya viene enero y en enero vamos a dejar de repartir tamalitos y arroz con pollo en el Paseo Colón, se van a acabar los desfiles, las fiestas, los topes y ahí vamos a caer en la cruda realidad de Costa Rica, ahí vamos a ver quiénes tienen verdaderas propuestas”.  Unos pocos días después, el 4 de enero, renunció sin mayores explicaciones.

Ahora es Araya el que se retira.  Tampoco las explicaciones dadas satisfacen del todo; quedan dudas, sobre todo ante frases como esta:  Por razones éticas, es inaceptable el recurso a tácticas innobles en el afán de variar las percepciones políticas”.  Tal vez en el futuro sepamos las razones profundas que le llevaron a rendirse a media batalla.  Lo cierto es que, además de la escases de recursos, la campaña estaba varada, ayuna de ideas fuerza que le permitieran mantener al menos intactas las disminuidas huestes partidarias.  Porque buena parte de quienes votaron por su candidatura para detener a Villalta, le habían abandonado.

De acuerdo con la oportuna encuesta del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos de la Universidad de Costa Rica y el Semanario Universidad, el 14,7% de quienes votaron por Araya en la primera ronda, manifestaron su intención de hacerlo por Solís el próximo 6 de abril.  Igual propósito declararon votantes del Movimiento Libertario, del Frente Amplio y de la Unidad Social Cristiana:  84,8%, 90,7% y 82,9% respectivamente.  Esa avalancha de votos hacia Solís no era posible contrarrestarla con los votos religiosos que buscó atraer.  Dicho sea de paso, el terraplén conservador que amenazaba con caernos encima, empujado por Araya con la ayuda de algunos curas y pastores, se detuvo a tiempo.

Pero la retirada deja un mal sabor, porque formalmente Araya sigue siendo candidato y como tal aparecerá en la papeleta que se usará el 6 de abril, lo que despierta justificados recelos en las filas de Luis Guillermo.  Se va pero no se va, abriendo un umbral de incertidumbre que solamente se  cerrará hasta al anochecer de ese día.  Por tanto Solís no tiene más remedio que seguir en campaña, con ajustes, por supuesto, porque necesita que una copiosa mayoría ciudadana legitime políticamente en las urnas su presidencia.

El golpe está dado:  el PLN ha mordido el polvo bajo la conducción de Johnny Araya.  Se abre un período de descarnadas luchas internas por el control de lo que queda del partido, que no es mucho.  Si hay suerte, emergerá un nuevo liderazgo y un nuevo proyecto político, pero costará, porque las señales de agotamiento son muchas.

lunes, 3 de marzo de 2014

Estrategias

Se fue febrero en un decir amén.  Igual se irá marzo y pronto concurriremos de nuevo a las urnas electorales, para definir cuál de los dos finalistas en la contienda que se inició oficialmente en octubre pasado, Solís y Araya, se saca el premio gordo:  el ejercicio de la presidencia de la República durante cuatro años.

Lo de gordo es un decir, porque la verdad es que quien gane se va a tener que enfrentar con una administración pública muy delgada en ingresos, con un elevado déficit fiscal y con serios problemas de gestión.  Cualquiera de los dos que gane no caerá precisamente un lecho de rosas; más bien en una tabla de faquir.  Este complicado panorama remata con una Asamblea Legislativa integrada por nueve minorías y dos diputados independientes.  Pero ni modo, uno de los dos debe ganar.

¿Qué están haciendo para alcanzar tan magro botín?  Está claro que ninguno de los contendientes lo logra si no atrae nuevos votos.  Descartadas las alianzas entre partidos,¿dónde pescar?

La estrategia de Araya parece estar compuesta por tres ejes:  el primero consiste en reagrupar sus desalentadas huestes, tratando de insuflarles nuevos bríos, evitando que afloren divergencias que podrían llevarle a una nueva derrota el 6 de abril.  Las numerosas reuniones con dirigentes y con alcaldes municipales parecen apuntar a ese objetivo.  El segundo radica en alcanzar el apoyo decidido del sector empresarial, asegurándole que no habrá cambios en la política macroeconómica, y con ese fin ha anunciado la permanencia de Edgar Ayales en Hacienda y el aterrizaje de Francisco de Paula Gutiérrez en el Banco Central.

En tercer lugar, como solamente pudo movilizar el 29,7% de los votos, y no todos eran de liberacionistas (ese porcentaje está inflado con los votos que le allegó la campaña delmiedo), se ha lanzado a la búsqueda de votantes dentro del sector religioso más conservador, presentándose como el campeón de la defensa de la vida y de la familia.  Busca así impresionar a los votantes de los partidos evangélicos y los católicosinfluenciados por los mensajes abiertos y velados de obispos y sacerdotes conservadores.

La estrategia de Solís parece estar básicamente dirigida a evitar la dispersión de sus votantes en el centro del paísla mayoría no precisamente fieles del PAC, procurando a la vez arrimar a los fastidiados con el PLN que votaron por el FA, el PUSC e incluso por el ML.  Porque no puede darse por descontado que votarán indeliberadamente por él.  En segundo lugar, ha emprendido giras por zonas donde ganó el PLN, en busca de nuevos votos.  Pero buena parte de la estrategia parece estar dirigida a neutralizar la desconfianza de los empresarios y, sobre todo, la ofensiva conservadora iniciada por Araya alrededor de los temas del aborto, las uniones de personas del mismo sexo y la fecundación in vitro.

Dentro de este juego de estrategias, ¿qué lugar ocupa la discusión sobre los serios  problemas del país?