martes, 15 de noviembre de 2011

Centroamérica importa

En general los ticos tendemos a pensar que el resto de países que conforman Centroamérica poco tienen que ver con nosotros, con nuestra realidad social y política. Miramos los toros desde la barrera, como se dice, y solamente reaccionamos cuando tenemos algún problema fronterizo con Nicaragua.

Se olvida que, para bien y para mal, ocupamos una porción del territorio conocido como Centroamérica, y por tanto, importa lo que sucede en el resto de países de la subregión, pese a las características sociales y políticas distintivas de cada uno de ellos. No solamente compartimos un pasado histórico y muchos rasgos culturales, sino que también estamos conectados en el plano comercial, con ventajas evidentes para Costa Rica.

Traigo esto a colación a raíz de las elecciones en Nicaragua, donde Ortega fue reelecto por una sorprendente mayoría, pese a las denuncias de la oposición, y la segunda vuelta en Guatemala, que confirmó al general Otto Pérez Molina, como presidente electo de la República. Aunque los medios han destacado estos procesos electorales, sobre todo el nicaragüense, lo cierto es que la mayoría ciudadana ha permanecido ajena, sin conectarlos con nuestro particular momento histórico.

Importa, sin embargo, saber si el gobierno ha analizado los resultados de ambas elecciones en el marco de una política exterior hacia la subregión y si está reaccionando de acuerdo con ella. Porque, ¿cómo podemos interpretar la felicitación al presidente electo guatemalteco y el silencio frente al reelecto Ortega? Está bien, el asunto de Isla Calero, cuya resolución depende del Tribunal Internacional de La Haya, ha tensado las relaciones entre ambos gobiernos y ha dado origen a subidos intercambios verbales. Pero, nos guste o no, el hecho es que Ortega estará en el sillón presidencial por cinco años más, al menos, y seguirá por tanto siendo interlocutor del gobierno de Costa Rica.

Puesto que Ortega no tuvo que usar el Río San Juan e Isla Calero como elementos destacados de su campaña, es posible que el clima de tensión entre ambos gobiernos cambie, pero hay que enviar una señal, o un globo de ensayo, para saber a que atenerse. Una protocolaria felicitación por el triunfo obtenido tal vez hubiera servido para ese propósito.

Guatemala está un poco más al norte, pero la elección de un general con un pasado no muy claro durante los años de la guerra interna en ese país, debería preocuparnos. Ha prometido reducir la criminalidad y el narcotráfico con una ofensiva combinada de la policía y de unidades del ejército como los kaibiles, un cuerpo de élite que ha sido objeto de no pocas denuncias por violaciones a los derechos humanos. Aunque ha afirmado que no está entre sus intenciones seguir el camino mexicano de guerra interna al narcotráfico, esa posibilidad no se puede desechar. Las consecuencias serían funestas para el resto de la subregión.

Así que ojo con las felicitaciones y los silencios.

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