martes, 13 de enero de 2015

No perdamos el 2015

En el 2014 esta sociedad vivió un socollón que alteró radicalmente lo que podríamos llamar, en términos figurativos, la topografía política del país. Después del 2 de febrero de 2014 las cosas dejaron de ser como antes: se cayeron paredes, se ladearon construcciones y desaparecieron de pronto los trillos y las veredas por los que estábamos acostumbrados a transitar confiadamente.

Hay que aprender a moverse en esas nuevas condiciones y en ese proceso nos encontramos, aunque parece que algunos no se han dado cuenta de las transformaciones y caminan tropezando por aquí y por allá, añorando un pasado que no volverá.

Como sucede después de un temblor de intensidad considerable, hay que quitar los escombros, reconstruir lo que sea posible, levantar nuevas edificaciones y trazar otros caminos. Y esto tiene que hacerse en el 2015.

Por supuesto que la responsabilidad mayor de la reconstrucción recae sobre el gobierno encabezado por Luis Guillermo Solís. Se le eligió con la esperanza de que pudiera hacerlo en un plazo prudencial. Por lo menos un sector significativo del electorado así lo consideró; pero el gobierno no lo puede hacer todo. Una reconstrucción en serio de la institucionalidad pública, eliminando rémoras y mejorando substancialmente sus niveles de desempeño, solamente puede hacerse si el conjunto de la sociedad se lo propone y si los actores sociales y políticos asumen la responsabilidad que les compete, levantando su mirada por encima de intereses particulares, egoísmos y aspiraciones políticas de corto plazo.

Las diferencias de criterio, los intereses particulares y los conflictos no van a desaparecer. Ellos forman parte de la salsa de la democracia, como también es parte integrante de ella la tolerancia y el respeto a las diferencias y la búsqueda racional de lo que nos une a pesar de las diferencias. Los sectores de oposición, especialmente el PLN, deben entender que el combate frontal al gobierno sin propuestas alternativas no les va a llevar a ningún lado, menos a la victoria en las elecciones de 2018. Pero, ¿tienen esas propuestas?

También el partido de gobierno es responsable de lo bueno y lo malo que suceda en este año. La desorganización imperante, la imposibilidad de diálogo continuo en el más alto nivel, así como las dificultades para la acción unitaria de la fracción paquista en la Asamblea, y de ésta con la dirigencia partidaria, son elementos que dificultan la negociación. ¿Cómo negociar con los adversarios si las filas del PAC están desorganizadas y envueltas en conflictos domésticos?

Este año es crucial para mejorar la eficiencia de la administración pública y bajar el déficit fiscal, frenando gastos innecesarios, mejorando la recaudación, pero también realizando una reforma impositiva de carácter progresivo que permita al gobierno disponer de recursos frescos para aumentar la inversión pública.


¡No dejemos que el 2015 se nos escape como agua entre los dedos!

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