lunes, 6 de octubre de 2014

Desgaste

No se puede disimular los notables desencuentros entre el gobierno, la fracción legislativa del PAC y la cúpula partidaria. Al partido y a su fracción les está costando mucho encontrar su papel en un gobierno electo por ellos, en buena parte debido a la cultura de oposición a que estaban acostumbrados muchos de sus integrantes. Esa cultura se desarrolló a través de las enconadas luchas que libró el partido en sus doce años de vida, no solamente en los escenarios electorales y legislativos, sino también fuera de ellos, como ocurrió durante la discusión alrededor del referendo sobre el TLC. Hay que recordar, además, que no pocos de sus fundadores también dieron la pelea en contra del llamado "combo del ICE", en el año 2000.

Ahora la situación es diferente: el gobierno es del PAC, aunque muchos de sus ministros y vice ministros, empezando por el de la Presidencia, no provienen del partido y seguramente no comparten o lo hacen a medias, la plataforma programática y otros planteamientos rojiamarillos. Es posible que buena parte de ministros y ministras, por no decir la mayoría, ni siquiera conocen a la dirigencia paquista. Como resultado general, tampoco el gobierno sabe como moverse frente al partido y la fracción.

Por otra parte, a lo largo de la historia de su partido la alta dirigencia se ha caracterizado por la forma pública en que enfrentan sus conflictos, sin contenerse, lo que es bueno y malo, según el punto de vista con que se mire. Bueno porque la hipocresía propia de la política cede su lugar a la transparencia; malo porque al no existir límites, fácilmente se cae en el exceso verbal, lo que da armas al enemigo y desalienta a partidarios y simpatizantes. Ejemplo: las lindezas que le han dicho a Ottón Solís, tanto el diputado Morales Zapata como algunas figuras destacadas del gobierno, por su posición dura en los recortes del presupuesto.

Quizás este nivel abierto de conflictividad se ve estimulado por el hecho que el principal partido de oposición sigue sin levantarse de los golpes recibidos en febrero y en abril. Es decir, que no hay una oposición real, un enemigo común, que les obligue a unirse; pero esa situación puede cambiar si Oscar Arias, que ha sacado la cabeza, logra darle alguna dirección a la fracción del PLN, la más grande del Congreso, pero inocua hasta ahora.

La encuesta de CID-Gallup indica que un 20% de las personas entrevistadas se declara simpatizante del PAC, en un porcentaje similar a quienes dicen ser del PLN. Por primera vez después de unas elecciones ese partido parece haber recogido una interesante cosecha, que puede evaporarse si el gobierno, la fracción y la dirigencia paquista no toman consciencia de que navegan en el mismo barco en aguas peligrosas, que pueden agitarse repentinamente, con el consiguiente peligro para el capitán y toda la tripulación.


Si quieren tener larga vida política, tienen que aprender a trabajar juntos y bajar el nivel de conflictividad abierta.

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