martes, 23 de agosto de 2011

La Volpe y Nazareth


Agosto ha estado marcado, entre otras cosas, por la salida de dos directores extranjeros de instituciones nacionales: Ricardo La Volpe y Daniel Nazareth. El primero director técnico de la selección nacional de fútbol, y el segundo director de la Orquesta Sinfónica Nacional.

No sé prácticamente nada de fútbol, nunca voy a los estadios, aunque me gusta mirar un buen partido por la televisión, sobre todo si se trata del Barça contra el Real Madrid. Tampoco soy un experto en música, aunque suelo asistir a conciertos y realmente disfruto de escuchar música sinfónica, un buen cantante de ópera o una camerata. Así que no estoy en condiciones de emitir juicios sobre el desempeño profesional y las calidades humanas de ambos directores salientes. Eso se los dejo a las personas entendidas.

Sin embargo, al leer o escuchar algunas de esas opiniones, la sensación que queda es que ambos, si no fracasaron en sus cometidos, por lo menos los dejaron inconclusos, por razones diferentes, por supuesto. Hay controversia sobre la labor que realizaron, y en ambos casos, curiosamente, destaca, como centro de las críticas, la valoración acertada o equivocada que hicieron sobre futbolistas, músicos y cantantes nacionales.

En la salida de ambos también ha estado presente la discusión sobre sus salarios. Pero en este punto las diferencias son colosales, porque mientras La Volpe devengaba cincuenta mil dólares mensuales, Nazareth cobraba cuarenta mil anuales, y una de las explicaciones que se da sobre su salida es que no se le podían pagar los veinte mil dólares adicionales que estaba demandando. Es decir, más de medio millón de dólares de diferencia entre el salario anual de uno y de otro.

El mundo patas arriba: sobra plata para el fútbol, no para otros deportes, y falta para el desarrollo musical y las artes en general. Me dirán que la comparación no viene al caso, porque mientras el fútbol es un negocio multimillonario que mueve a miles y miles de aficionados en el plano nacional y a millones en el mundial, la Sinfónica Nacional y la música que interpreta apenas interesan, en comparación, a poquísimos costarricenses. Si nos dejamos guiar solamente por el mercado y el consumismo que propicia, quienes así opinan tienen razón; pero precisamente por eso el mundo está como está: revuelto.

Sin ignorar la realidad del mercado, ni tampoco que el fútbol es en mucho un asunto de cabeza, como decía el difunto Parmenio Medina, creo que también las diferencias en recursos dedicados a unas y otras actividades es un asunto de prioridades en política pública.

Alegando solapadamente que el apoyo al desarrollo artístico no convoca a las masas y por lo tanto no atrae votos, poco es realmente lo que se hace en este campo y se deja para el consumo de minorías pudientes, los espectáculos de alta calidad artística y otras manifestaciones culturales de ese tipo. ¡Un círculo vicioso difícil de romper!

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