En estas semanas previas a las elecciones de febrero de 2010, conviene reflexionar sobre el papel que juega el miedo en la política y, por supuesto, en los procesos electorales.
Este papel nos ha sido recordado recientemente por Corey Robin, periodista y profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Brooklyn en el Centro de Graduados de la City University of New York, en su libro El miedo. Historia de una idea política.
Gobernantes, élites, iglesias y grupos de presión han usado el miedo para reforzar obediencia y fidelidades, y, por supuesto, para resguardar sus intereses. A lo largo de la historia el miedo ha acompañado a la política, porque como lo planteaba Hobbes hace mucho tiempo, sirve a las necesidades de quienes detentan el poder, y por tanto es algo persistente en la política y la sociedad.
Sin embargo, en los últimos diez años la política del miedo se ha revitalizado a partir de la respuesta de la administración Bush al atentado del 11 de setiembre de 2001. Desde entonces vivimos en una nueva era en donde el miedo es el motor fundamental que mueve a nuestras sociedades. Seguramente por una especie de ósmosis ese es un factor que ha colocado a la seguridad ciudadana como el tema de campaña electoral, más allá de la situación objetiva de la delincuencia y la criminalidad en nuestro país.
En la medida en que se estableció la dicotomía bien-mal, hemos asistido a un recorte sistemático de las libertades individuales, que hemos terminado por aceptar, en aras de la preservación del bien y de la seguridad individual y colectiva. Todos en mayor o menor medida nos hemos vuelto sospechosos y se nos trata como tal, cuando entramos a bancos, oficinas públicas, centros comerciales y, por supuesto, cuando solicitamos visa para viajar a otro país y cuando abordamos un avión. Presuntamente la seguridad demanda que seamos objeto de una serie de “medidas” que otrora serían calificadas como vejaciones.
El miedo ha invadido todos los aspectos de nuestra vida cotidiana: se nos asusta con todo: con el diferente, con el de otro color, con el de otras ideas. Hasta miedo nos da decir lo que pensamos, no sea que pasemos a engrosar la lista de los peligrosos. ¡Y muchos que creíamos que esas épocas ya habían pasado!
En nuestro país el miedo se ha venido usando sistemáticamente en la política. El famoso “memorando”, que apareció en la discusión del TLC, es quizás la muestra más fehaciente de ello.
Y por supuesto que se está usando ahora, con los libertarios, que por primera vez en su corta historia parece que están logrando un crecimiento electoral importante, que podría ponerlos a jugar la final, si se llegar a la segunda ronda. Curiosamente, es el PLN quien de nuevo usa el artificio del miedo, y seguramente otra vez le dará resultados positivos para sus fines electorales, porque el miedo no da campo para la reflexión y las personas reaccionan automáticamente, como ha venido pasando con el famoso planteamiento libertario de 1995, que ha sido reciclado para efectos electorales.
No sé si Otto Guevara y su partido sostienen las mismas posiciones de entonces; no han dicho nada al respecto. Pero ya yo estoy curado de espanto. Durante más de dos décadas he venido escuchando la misma cantaleta: “ahí viene el coco, sálvese quién pueda”, usada para disfrazar intereses e intensiones la mayoría de veces nada santas.
Mientras tanto el “coco” desde mucho tiempo atrás ha estado con nosotros, se ha movido libremente y a sus anchas, sin que lográramos salvarnos a tiempo porque la atención la habíamos colocado en el lugar no indicado. La verdad es que las grandes transformaciones económicas y sociales ya ocurrieron, y no debemos olvidar que el TLC fue aprobado con el apoyo de los libertarios, que en ese momento no eran “cocos” para quienes han estado en el poder y pretenden continuar en él.
Así que no se dejen llevar por el miedo, tómense su tiempo para pensar y emitan el voto de la forma más racional posible.
martes, 19 de enero de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
Oportuna solicitud de la Rectora
La Rectora de la Universidad de Costa Rica, Dra. Yamileth González, ha solicitado a las señoras candidatas y a los señores candidatos a la Presidencia de la República, manifestar claramente lo que piensan sobre la educación superior pública, sobre el papel que le asignan dentro de sus proyectos de desarrollo nacional, y sobre el apoyo que pueden esperar las universidades, sobre todo en el plano del financiamiento.
He revisado con cuidado los programas de gobierno presentados hasta ahora, y solamente encuentro breves menciones a la educación superior pública, muy puntuales, generalmente conectadas con otros aspectos de la educación en general; pero hay un profundo agujero en lo que se refiere a los aspectos planteados por la señora Rectora de la UCR, quien, además, preside en este año el CONARE. Su preocupación es entonces, no solamente oportuna, sino también legítima.
Veamos algunas referencias que se hacen a la educación superior, sin distinguir claramente entre la pública y la privada, en los programas de los partidos que las encuestas indican estar en los primeros tres lugares de las preferencias ciudadanas, hasta el momento en que escribo esta nota. En el programa de doña Laura Chinchilla se habla de incrementar la graduación de profesionales en las áreas de ingeniería, la ciencia y las matemáticas, mediante programas que se van a desarrollar con las universidades públicas y privadas, dentro de un marco de diálogo y cooperación. En el programa de don Otón Solís se indica el establecimiento de una política integral y coordinada para la formación de recurso humano, con instituciones de educación técnica y superior. Y en el programa de don Otto Guevara, hay un apartado denominado “Calidad de la Educación Superior”, donde se plantean tres puntos: reducir la tramitología y supervisión previa de las Universidades, supongo que privadas; apoyar el “Examen de Incorporación” a los colegios profesionales, sobre todo en ciencias de la salud, derecho, contaduría pública e ingenierías, presumo que para controlar la calidad en la formación; y por último, impulsar la formación de especialistas médicos en universidades de forma supervisada por el CENDEISSS, el CONESUP o el CONARE. Conjeturo que con esta última medida se busca favorecer a las universidades privadas que ofrecen la carrera de medicina.
Llama la atención que don Otto no haya aprovechado la presentación tardía de su programa de gobierno, para referirse al documento de 1995, reciclado electoralmente por los estrategas del Partido Liberación Nacional, donde textualmente se dice lo siguiente: “…las universidades tendrán que ser totalmente autosuficientes; se debe acabar con las transferencias del Estado a las universidades. Para los alumnos de menos recursos recomendamos las becas privadas o el financiamiento, que existe actualmente, que permite la cancelación después de concluir los estudios.”
Por cierto que esta y otras referencias a las universidades públicas aparecidas en dicho documento, dieron pie para la adhesión a doña Laura Chinchilla del Rector Olman Segura, de la Universidad Nacional; de la Vicerrectora de Docencia de la Universidad de Costa Rica, Dra. Libia Herrero, y de un grupo de exrectores y exvicerectores de las universidades públicas, así como de algunos otros funcionarios y profesores. Ese comunicado es un ataque al candidato libertario, donde tampoco se aprovechó para hacer público el pensamiento de doña Laura sobre la educación superior estatal. Según el comunicado, la candidata liberacionista “…tomará las decisiones que fortalezcan la educación en general y consoliden el apoyo del Estado a las universidades”. Me disculpan, pero eso es un acto de fe.
Por otro lado, en esa adhesión se produjo una confusión entre lo personal y lo institucional, en el señor Rector de la UNA y la señora Vicerrectora de la UCR. Por supuesto que las personas que ocupan cargos en la administración universitaria están en su derecho de apoyar candidaturas y manifestar sus preferencias políticas; pero no deberían hacerlo en su calidad de funcionarios, porque compromete a las instituciones. Como catedráticos o como profesores universitarios pueden aparecer en una lista de adhesiones o en un documento partidario; pero no como titulares de cargos de elección, porque representan a conglomerados académicos donde prevalece la diversidad política partidista. ¡Y eso lo olvidaron!
He revisado con cuidado los programas de gobierno presentados hasta ahora, y solamente encuentro breves menciones a la educación superior pública, muy puntuales, generalmente conectadas con otros aspectos de la educación en general; pero hay un profundo agujero en lo que se refiere a los aspectos planteados por la señora Rectora de la UCR, quien, además, preside en este año el CONARE. Su preocupación es entonces, no solamente oportuna, sino también legítima.
Veamos algunas referencias que se hacen a la educación superior, sin distinguir claramente entre la pública y la privada, en los programas de los partidos que las encuestas indican estar en los primeros tres lugares de las preferencias ciudadanas, hasta el momento en que escribo esta nota. En el programa de doña Laura Chinchilla se habla de incrementar la graduación de profesionales en las áreas de ingeniería, la ciencia y las matemáticas, mediante programas que se van a desarrollar con las universidades públicas y privadas, dentro de un marco de diálogo y cooperación. En el programa de don Otón Solís se indica el establecimiento de una política integral y coordinada para la formación de recurso humano, con instituciones de educación técnica y superior. Y en el programa de don Otto Guevara, hay un apartado denominado “Calidad de la Educación Superior”, donde se plantean tres puntos: reducir la tramitología y supervisión previa de las Universidades, supongo que privadas; apoyar el “Examen de Incorporación” a los colegios profesionales, sobre todo en ciencias de la salud, derecho, contaduría pública e ingenierías, presumo que para controlar la calidad en la formación; y por último, impulsar la formación de especialistas médicos en universidades de forma supervisada por el CENDEISSS, el CONESUP o el CONARE. Conjeturo que con esta última medida se busca favorecer a las universidades privadas que ofrecen la carrera de medicina.
Llama la atención que don Otto no haya aprovechado la presentación tardía de su programa de gobierno, para referirse al documento de 1995, reciclado electoralmente por los estrategas del Partido Liberación Nacional, donde textualmente se dice lo siguiente: “…las universidades tendrán que ser totalmente autosuficientes; se debe acabar con las transferencias del Estado a las universidades. Para los alumnos de menos recursos recomendamos las becas privadas o el financiamiento, que existe actualmente, que permite la cancelación después de concluir los estudios.”
Por cierto que esta y otras referencias a las universidades públicas aparecidas en dicho documento, dieron pie para la adhesión a doña Laura Chinchilla del Rector Olman Segura, de la Universidad Nacional; de la Vicerrectora de Docencia de la Universidad de Costa Rica, Dra. Libia Herrero, y de un grupo de exrectores y exvicerectores de las universidades públicas, así como de algunos otros funcionarios y profesores. Ese comunicado es un ataque al candidato libertario, donde tampoco se aprovechó para hacer público el pensamiento de doña Laura sobre la educación superior estatal. Según el comunicado, la candidata liberacionista “…tomará las decisiones que fortalezcan la educación en general y consoliden el apoyo del Estado a las universidades”. Me disculpan, pero eso es un acto de fe.
Por otro lado, en esa adhesión se produjo una confusión entre lo personal y lo institucional, en el señor Rector de la UNA y la señora Vicerrectora de la UCR. Por supuesto que las personas que ocupan cargos en la administración universitaria están en su derecho de apoyar candidaturas y manifestar sus preferencias políticas; pero no deberían hacerlo en su calidad de funcionarios, porque compromete a las instituciones. Como catedráticos o como profesores universitarios pueden aparecer en una lista de adhesiones o en un documento partidario; pero no como titulares de cargos de elección, porque representan a conglomerados académicos donde prevalece la diversidad política partidista. ¡Y eso lo olvidaron!
lunes, 4 de enero de 2010
El frío enero pre-electoral
Después de una larga ausencia, debido a viajes y necesidad de un descanso prolongado, este blog se reactiva.
Estamos en enero de 2010, a unas pocas semanas de las elecciones para presidente, vicepresidentes, diputados y autoridades municipales. Nos despedimos del 2009 con encuestas que indicaban el orden de las preferencias del electorado en cuanto a candidaturas, coincidiendo en general en las posiciones alcanzadas por candidatas y candidatos, pero con discrepancias en lo referente a porcentajes y a la posibilidad de una segunda vuelta electoral.
Los resultados de una encuesta realizada por la firma Borge y Asociados para la Revista Poder –la última del año pasado--, reafirma lo indicado por las otras encuestas en cuanto a posiciones, pero difiere radicalmente, al menos con las de Demoscopía y de CID-Gallup, en cuanto a la posibilidad de una segunda vuelta. Según esta encuesta la candidata Chinchilla continúa en descenso, situándose en un 36,7%, tomando en cuenta al total de la nuestra, incluyendo a quienes indican no tener definido por quién votar y quienes no respondieron la pregunta. La segunda vuelta, entonces, aparece delineada con mayor claridad en el horizonte. Sin embargo, pese al descenso de la candidata Chinchilla, todavía su inmediato contendor, Otto Guevara, aparece con un porcentaje muy bajo.
Como lo hemos señalado en otras ocasiones, las encuestas son una especie de instantáneas de la realidad. Por tanto, no necesariamente permiten predecir lo que va a ocurrir en el corto o en el mediano plazo, aunque las encuestas realizadas con la técnica denominada “panel”, que periódicamente exploran a una misma muestra representativa, podrían establecer tendencias y acercarse con mayor precisión a los resultados finales reales.
Más allá de las encuestas, la evidencia impresionista indica que la candidata Chinchilla tiene buenas posibilidades de ganar las elecciones, pero con una Asamblea Legislativa bastante dividida. No parece posible que ni Otto Guevara, quien se ha instalado en el segundo lugar, ni Otón Solís, que ha descendido al tercero, puedan remontar las cifras actuales y disputar la presidencia en una primera vuelta. Tampoco el escenario de la segunda vuelta aparece perfilado manifiestamente.
Sin embargo, puesto que en esta campaña las pasiones no se han desbordado y el electorado se ha caracterizado por el silencio y la discreción, los resultados finales podrían ser muy diferentes a los que muestran las encuestas, para uno y para otro lado. Chinchilla podría ganar fácil o apretadamente, pero también podría no alcanzar el 40% y tener que disputar una segunda vuelta con resultados todavía más impredecibles.
Es posible que en este mes el grueso del electorado sea más elocuente, que se pronuncie con mayor claridad y que el panorama se vuelva más nítido, de manera tal que podamos vislumbrar lo que nos depara el destino a partir del próximo 8 de mayo.
Estamos en enero de 2010, a unas pocas semanas de las elecciones para presidente, vicepresidentes, diputados y autoridades municipales. Nos despedimos del 2009 con encuestas que indicaban el orden de las preferencias del electorado en cuanto a candidaturas, coincidiendo en general en las posiciones alcanzadas por candidatas y candidatos, pero con discrepancias en lo referente a porcentajes y a la posibilidad de una segunda vuelta electoral.
Los resultados de una encuesta realizada por la firma Borge y Asociados para la Revista Poder –la última del año pasado--, reafirma lo indicado por las otras encuestas en cuanto a posiciones, pero difiere radicalmente, al menos con las de Demoscopía y de CID-Gallup, en cuanto a la posibilidad de una segunda vuelta. Según esta encuesta la candidata Chinchilla continúa en descenso, situándose en un 36,7%, tomando en cuenta al total de la nuestra, incluyendo a quienes indican no tener definido por quién votar y quienes no respondieron la pregunta. La segunda vuelta, entonces, aparece delineada con mayor claridad en el horizonte. Sin embargo, pese al descenso de la candidata Chinchilla, todavía su inmediato contendor, Otto Guevara, aparece con un porcentaje muy bajo.
Como lo hemos señalado en otras ocasiones, las encuestas son una especie de instantáneas de la realidad. Por tanto, no necesariamente permiten predecir lo que va a ocurrir en el corto o en el mediano plazo, aunque las encuestas realizadas con la técnica denominada “panel”, que periódicamente exploran a una misma muestra representativa, podrían establecer tendencias y acercarse con mayor precisión a los resultados finales reales.
Más allá de las encuestas, la evidencia impresionista indica que la candidata Chinchilla tiene buenas posibilidades de ganar las elecciones, pero con una Asamblea Legislativa bastante dividida. No parece posible que ni Otto Guevara, quien se ha instalado en el segundo lugar, ni Otón Solís, que ha descendido al tercero, puedan remontar las cifras actuales y disputar la presidencia en una primera vuelta. Tampoco el escenario de la segunda vuelta aparece perfilado manifiestamente.
Sin embargo, puesto que en esta campaña las pasiones no se han desbordado y el electorado se ha caracterizado por el silencio y la discreción, los resultados finales podrían ser muy diferentes a los que muestran las encuestas, para uno y para otro lado. Chinchilla podría ganar fácil o apretadamente, pero también podría no alcanzar el 40% y tener que disputar una segunda vuelta con resultados todavía más impredecibles.
Es posible que en este mes el grueso del electorado sea más elocuente, que se pronuncie con mayor claridad y que el panorama se vuelva más nítido, de manera tal que podamos vislumbrar lo que nos depara el destino a partir del próximo 8 de mayo.
lunes, 16 de noviembre de 2009
¿Hacia una era dominada por el conservadurismo?
No sé si se enteraron, pero el miércoles anterior, el Diario Extra publicó los resultados de una encuesta reciente de CID-Gallup –otros habían sido publicados en La República del 31 de octubre--, en donde se da cuenta de cómo van a votar católicos y cristianos de otras denominaciones.
De acuerdo con estos resultados, por Laura Chinchilla va a votar el 49% de los católicos y un 37% de los evangélicos encuestados. El 44% del total de católicos y cristianos de otras denominaciones, votaría por Chinchilla. Solís, en cambio, según la encuesta, tiene un mayor respaldo relativo en los potenciales votantes evangélicos y menos en los católicos. La información no indica los porcentajes de población que se definen como católica, como evangélica o sin religión.
Seguramente los responsables de la encuesta decidieron hacer estos cruces en los resultados, motivados por la reciente discusión alrededor de la propuesta de reformas a los artículos 71 y 194 de la Constitución Política, que provocó una exagerada reacción de la jerarquía de la Iglesia Católica, que haciendo gala de su poder político atrancó las puertas y evitó cualquier análisis racional del asunto. El Obispo Ulloa llamó a no votar por los candidatos que apoyaran tal reforma, en abierta violación de la normativa que impide a los sacerdotes participar en política electoral.
La salida de los obispos provocó una danza oportunista de parte de los políticos, que procuraron tomar distancias, sobre todo los que habían firmado la propuesta de reformas; pero los premios se los ganó el Partido Liberación Nacional. Los diputados firmantes inmediatamente retiraron sus firmas, y las candidatas y candidatos a diputados por ese Partido, con la venia de doña Laura Chinchilla, hicieron un manifiesto público comprometiéndose a sepultar el proyecto, si les llegaba a sus manos en una próxima legislatura.
El Diario Extra, según la información publicada, solicitó reacciones de los partidos. Interesante destacar que por el PLN respondió el diputado Fernando Sánchez, quien sin empacho se presentó como el “Enlace entre el Movimiento de Laura Chinchilla y la Iglesia Católica,” y prácticamente invistió a doña Laura como la candidata del pueblo católico, con olvido de los otros cristianos, de los creyentes de otras religiones y de los que no profesan ningún credo religioso. ¿Estaremos retrocediendo a las últimas décadas del siglo diecinueve?
Es un asunto sin importancia, me dirán algunos; pero a mi me parece significativo e indicativo de la era en que hemos entrado en política: una era de mayor conservadurismo, donde algunos temas no se pueden discutir abiertamente en las arenas públicas, porque son objetados ad portas por motivos religiosos.
No deja de ser paradójico que mientras el ámbito estadounidense se ha abierto a la discusión de temas que impedía el dominio del neoconservadurismo, sobre todo durante las administraciones de Bush, en Costa Rica estemos marchando en el sentido contrario. ¿O me equivoco?
De acuerdo con estos resultados, por Laura Chinchilla va a votar el 49% de los católicos y un 37% de los evangélicos encuestados. El 44% del total de católicos y cristianos de otras denominaciones, votaría por Chinchilla. Solís, en cambio, según la encuesta, tiene un mayor respaldo relativo en los potenciales votantes evangélicos y menos en los católicos. La información no indica los porcentajes de población que se definen como católica, como evangélica o sin religión.
Seguramente los responsables de la encuesta decidieron hacer estos cruces en los resultados, motivados por la reciente discusión alrededor de la propuesta de reformas a los artículos 71 y 194 de la Constitución Política, que provocó una exagerada reacción de la jerarquía de la Iglesia Católica, que haciendo gala de su poder político atrancó las puertas y evitó cualquier análisis racional del asunto. El Obispo Ulloa llamó a no votar por los candidatos que apoyaran tal reforma, en abierta violación de la normativa que impide a los sacerdotes participar en política electoral.
La salida de los obispos provocó una danza oportunista de parte de los políticos, que procuraron tomar distancias, sobre todo los que habían firmado la propuesta de reformas; pero los premios se los ganó el Partido Liberación Nacional. Los diputados firmantes inmediatamente retiraron sus firmas, y las candidatas y candidatos a diputados por ese Partido, con la venia de doña Laura Chinchilla, hicieron un manifiesto público comprometiéndose a sepultar el proyecto, si les llegaba a sus manos en una próxima legislatura.
El Diario Extra, según la información publicada, solicitó reacciones de los partidos. Interesante destacar que por el PLN respondió el diputado Fernando Sánchez, quien sin empacho se presentó como el “Enlace entre el Movimiento de Laura Chinchilla y la Iglesia Católica,” y prácticamente invistió a doña Laura como la candidata del pueblo católico, con olvido de los otros cristianos, de los creyentes de otras religiones y de los que no profesan ningún credo religioso. ¿Estaremos retrocediendo a las últimas décadas del siglo diecinueve?
Es un asunto sin importancia, me dirán algunos; pero a mi me parece significativo e indicativo de la era en que hemos entrado en política: una era de mayor conservadurismo, donde algunos temas no se pueden discutir abiertamente en las arenas públicas, porque son objetados ad portas por motivos religiosos.
No deja de ser paradójico que mientras el ámbito estadounidense se ha abierto a la discusión de temas que impedía el dominio del neoconservadurismo, sobre todo durante las administraciones de Bush, en Costa Rica estemos marchando en el sentido contrario. ¿O me equivoco?
lunes, 9 de noviembre de 2009
La pobreza no es un porcentaje
A raíz de los resultados de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples de 2009, se ha abierto nuevamente la discusión sobre el tamaño real de la pobreza en Costa Rica y sobre la efectividad o ineficiencia de los programas gubernamentales destinados a su combate.
Llama poderosamente la atención el escaso deterioro con relación al año anterior, en plena crisis, pues según la Encuesta, la pobreza pasó de 17,7% a 18,5%. No podemos olvidar, sin embargo, que detrás de los porcentajes hay 236.668 hogares y 1.000.691 personas. La quinta parte de los habitantes de este país. ¡Un montón de gente!
Seguramente son muchos más, porque el desempleo pasó del 4,9% al 7,8%, y el desempleo o empleo precario son las principales causas de la pobreza. Es decir, que en julio pasado 165.944 personas estaban desocupadas. A ese total hay sumar las personas en situación de subempleo visible e invisible. Además, en la información suministrada por el INEC se aclara que se clasifican solamente los hogares con ingresos conocidos, pero no se dice cuántos son los hogares.
En todo caso, la pobreza no es un número ni un porcentaje; es una condición humana degradada que debería ser inaceptable para las personas que no estamos en esa situación. Es un indicador de que hemos fracasado como sociedad en la creación de condiciones de bienestar social y desarrollo humano para la gran mayoría de las personas. Las comparaciones no valen; no importa sin son menos o más en relación a otros países. Tampoco si lo que ha hecho este gobierno es mejor o peor que otros. El hecho es que mientras escribo estas líneas, hay una gran cantidad de gente que no sabe si va a comer hoy y si podrá dormir bajo un techo seguro. Mientras unos cuantos disfrutan de comodidades en exceso, otros carecen de lo mínimo vital.
Excusas nunca faltarán para justificar la existencia de la pobreza, la mayoría tramposas. Pero ninguna de ellas puede justificar una situación éticamente inaceptable. Si este país pudo disminuir la pobreza en casi 30 puntos porcentuales entre 1950 y 1970, ¿por qué desde entonces no ha ocurrido una nueva disminución significativa? ¡Les dejo con esa pregunta!
Llama poderosamente la atención el escaso deterioro con relación al año anterior, en plena crisis, pues según la Encuesta, la pobreza pasó de 17,7% a 18,5%. No podemos olvidar, sin embargo, que detrás de los porcentajes hay 236.668 hogares y 1.000.691 personas. La quinta parte de los habitantes de este país. ¡Un montón de gente!
Seguramente son muchos más, porque el desempleo pasó del 4,9% al 7,8%, y el desempleo o empleo precario son las principales causas de la pobreza. Es decir, que en julio pasado 165.944 personas estaban desocupadas. A ese total hay sumar las personas en situación de subempleo visible e invisible. Además, en la información suministrada por el INEC se aclara que se clasifican solamente los hogares con ingresos conocidos, pero no se dice cuántos son los hogares.
En todo caso, la pobreza no es un número ni un porcentaje; es una condición humana degradada que debería ser inaceptable para las personas que no estamos en esa situación. Es un indicador de que hemos fracasado como sociedad en la creación de condiciones de bienestar social y desarrollo humano para la gran mayoría de las personas. Las comparaciones no valen; no importa sin son menos o más en relación a otros países. Tampoco si lo que ha hecho este gobierno es mejor o peor que otros. El hecho es que mientras escribo estas líneas, hay una gran cantidad de gente que no sabe si va a comer hoy y si podrá dormir bajo un techo seguro. Mientras unos cuantos disfrutan de comodidades en exceso, otros carecen de lo mínimo vital.
Excusas nunca faltarán para justificar la existencia de la pobreza, la mayoría tramposas. Pero ninguna de ellas puede justificar una situación éticamente inaceptable. Si este país pudo disminuir la pobreza en casi 30 puntos porcentuales entre 1950 y 1970, ¿por qué desde entonces no ha ocurrido una nueva disminución significativa? ¡Les dejo con esa pregunta!
martes, 3 de noviembre de 2009
Piedras en el zapato
Sobre la caída del puente, que arrojó dolor y luto, se ha dicho ya mucho, aunque faltan los resultados de la investigación para sentar responsabilidades, que supuestamente se está realizando. Independientemente de la labor que efectuara –no tengo criterios para evaluar su trabajo--, la renuncia de la Ministra González se imponía: se le había acabado el espacio político. Quedarse en el cargo hubiera sido suicida para ella y la habría convertido en una incómoda piedra en el zapato para el gobierno y para la candidata Chinchilla. Un blanco perfecto para venenosos dardos políticos, en plena campaña electoral.
No sé si recibió presiones de autoridades políticas para que renunciara, porque el Presidente Arias parecía estar dispuesto a mantenerla en el cargo. Pero en el documento de renuncia dijo que: “…hoy lo que priva es el dolor de muchos y el interés político de unos pocos, pero en puestos claves” (el subrayado es mío) Como no aclaró el significado de la segunda parte de la frase, necesariamente se presta para conjeturas. ¿Quiénes son esos pocos y en puestos clave?
En la segunda parte de ese documento, cuando señaló aspectos en los que no había fallado el Ministerio a su cargo, comenzó diciendo lo siguiente: “No les fallamos a los cientos de miles de turistas que en Alajuela o en Liberia, entrarán al país en un aeropuerto de categoría mundial fomentando una gran primera impresión, que redundará en más trabajo para hoteles, productores, vendedores y comunidades.” ¡Qué desafortunado inicio! Se les falló a comunidades necesitadas de puentes y carreteras, pero no a los turistas. Cuestión de prioridades, al menos en la redacción del comunicado.
Pero el mundo está al revés. Mientras unos pierden la vida, porque se cae un puente en mal estado, y una comunidad queda dolida y aislada, otros usan el transporte del Estado para fines personales y partidistas. ¿Es que hay ciudadanías de primera, segunda y tercera categoría?
Otro asunto a aclarar y en el menor tiempo posible. Y otra piedra en el zapato para el PLN y su candidata; pero una oportunidad para mostrar firmeza y honestidad. Sin embargo, de primera entrada la fracción del PLN manejó mal el asunto. Colmaron de elogios a su compañera de bancada y la declararon inocente de cualquier cargo, sin que mediara investigación alguna. Hasta la presidenta del Tribunal de Ética adelantó criterio y se descalificó. ¡Que confusión entre amistad, partidismo e interés público! Ojalá no salgan con aquello de “vicios privados virtudes públicas”.
También una piedra en el zapato para el Tribunal Supremo de Elecciones; pero una oportunidad para mostrar independencia de criterio y firmeza a inicios de un proceso electoral. Por esa razón no debe darle largas al asunto ni salir con medias tintas. Cometería un grave error si asume una actitud complaciente al inicio de la campaña y estrenando Código. Las señoras y los señores magistrados deben recordar que hay ojos críticos pendientes de su labor.
No sé si recibió presiones de autoridades políticas para que renunciara, porque el Presidente Arias parecía estar dispuesto a mantenerla en el cargo. Pero en el documento de renuncia dijo que: “…hoy lo que priva es el dolor de muchos y el interés político de unos pocos, pero en puestos claves” (el subrayado es mío) Como no aclaró el significado de la segunda parte de la frase, necesariamente se presta para conjeturas. ¿Quiénes son esos pocos y en puestos clave?
En la segunda parte de ese documento, cuando señaló aspectos en los que no había fallado el Ministerio a su cargo, comenzó diciendo lo siguiente: “No les fallamos a los cientos de miles de turistas que en Alajuela o en Liberia, entrarán al país en un aeropuerto de categoría mundial fomentando una gran primera impresión, que redundará en más trabajo para hoteles, productores, vendedores y comunidades.” ¡Qué desafortunado inicio! Se les falló a comunidades necesitadas de puentes y carreteras, pero no a los turistas. Cuestión de prioridades, al menos en la redacción del comunicado.
Pero el mundo está al revés. Mientras unos pierden la vida, porque se cae un puente en mal estado, y una comunidad queda dolida y aislada, otros usan el transporte del Estado para fines personales y partidistas. ¿Es que hay ciudadanías de primera, segunda y tercera categoría?
Otro asunto a aclarar y en el menor tiempo posible. Y otra piedra en el zapato para el PLN y su candidata; pero una oportunidad para mostrar firmeza y honestidad. Sin embargo, de primera entrada la fracción del PLN manejó mal el asunto. Colmaron de elogios a su compañera de bancada y la declararon inocente de cualquier cargo, sin que mediara investigación alguna. Hasta la presidenta del Tribunal de Ética adelantó criterio y se descalificó. ¡Que confusión entre amistad, partidismo e interés público! Ojalá no salgan con aquello de “vicios privados virtudes públicas”.
También una piedra en el zapato para el Tribunal Supremo de Elecciones; pero una oportunidad para mostrar independencia de criterio y firmeza a inicios de un proceso electoral. Por esa razón no debe darle largas al asunto ni salir con medias tintas. Cometería un grave error si asume una actitud complaciente al inicio de la campaña y estrenando Código. Las señoras y los señores magistrados deben recordar que hay ojos críticos pendientes de su labor.
lunes, 26 de octubre de 2009
El poder: ¿para qué lo quieren?
Nueve partidos han completado las inscripciones de sus candidatos a presidente y vicepresidentes, y afinan sus estrategias con la mira puesta en el primer domingo de febrero de 2010.
En la televisión y en la radio han comenzado a aparecer “spots” y cuñas donde se resaltan la virtudes de los candidatos y candidatas, y, por supuesto, los defectos de los adversarios. Algunos de estos materiales son ingeniosos, incluso chistosos, pero no están dirigidos a despertar la reflexión más o menos profunda de las y los electores. Finalmente el mensaje es escueto: los que están en el gobierno y pretenden continuar en él, evalúan todo positivamente; para quienes están enfrente, todo se ha hecho mal, incluso desde mucho tiempo atrás, y quieren el poder, porque tienen las propuestas correctas y porque todo lo harán bien. La ecuación parece ser muy simple: adecuado enfoque, más técnicas correctas, más honestidad, igual a buen gobierno. Simple pero engañosa.
¿Para qué realmente quieren el poder Laura Chinchilla, Otón Solís y Otto Guevara, para mencionar solamente a quienes aparecen en los primeros lugares de las encuestas? ¿Hacia dónde quieren llevar esta sociedad? ¿Cuáles son los sueños que alimentan sus propuestas de buen gobierno? No lo sabemos claramente. Hasta ahora solo tenemos vagas referencias a la eficiencia de las instituciones, a la lucha contra la corrupción, al mejor empleo de los recursos públicos, al combate a la pobreza, a la seguridad ciudadana. Pero todo eso, ¿en función de qué proyecto de sociedad?
Siento una ausencia de sueños en candidatas, candidatos y partidos. En lo que escriben, en lo que dicen, no hay mayores vuelos, solo horizontes chatos. Sus propuestas –las que se conocen hasta ahora—son colecciones de medidas, que van apareciendo en las pantallitas de los televisores o en las presentaciones “power point”. ¿Cómo se insertan esas medidas o propuestas de políticas en un marco más amplio? ¿Cuáles son las visiones de sociedad que hay detrás? ¿Un país desarrollado, como repite Oscar Arias, sin señalar sus contornos? Porque si el modelo son las sociedades del norte, con su cultura de consumismo y desperdicio, de drogadicción y de violencia, de capitalismo exacerbado y de guerras intervencionistas, gracias, pero paso.
Gobernar no es solamente un asunto de empleo de técnicas o de mejor gestión; es, fundamentalmente, se tenga o no conciencia de ello, una operación de conducción del Estado y la sociedad, por ciertos rumbos, que siempre se asegura que son para el logro del bienestar y la felicidad del conjunto. Pero como detrás de las buenas intenciones puede haber un oscuro mar de fondo, mejor, señoras candidatas y señores candidatos, nos dicen hacia dónde nos quieren llevar.
O, dicho claramente, ¿para qué carajos quieren el poder?
En la televisión y en la radio han comenzado a aparecer “spots” y cuñas donde se resaltan la virtudes de los candidatos y candidatas, y, por supuesto, los defectos de los adversarios. Algunos de estos materiales son ingeniosos, incluso chistosos, pero no están dirigidos a despertar la reflexión más o menos profunda de las y los electores. Finalmente el mensaje es escueto: los que están en el gobierno y pretenden continuar en él, evalúan todo positivamente; para quienes están enfrente, todo se ha hecho mal, incluso desde mucho tiempo atrás, y quieren el poder, porque tienen las propuestas correctas y porque todo lo harán bien. La ecuación parece ser muy simple: adecuado enfoque, más técnicas correctas, más honestidad, igual a buen gobierno. Simple pero engañosa.
¿Para qué realmente quieren el poder Laura Chinchilla, Otón Solís y Otto Guevara, para mencionar solamente a quienes aparecen en los primeros lugares de las encuestas? ¿Hacia dónde quieren llevar esta sociedad? ¿Cuáles son los sueños que alimentan sus propuestas de buen gobierno? No lo sabemos claramente. Hasta ahora solo tenemos vagas referencias a la eficiencia de las instituciones, a la lucha contra la corrupción, al mejor empleo de los recursos públicos, al combate a la pobreza, a la seguridad ciudadana. Pero todo eso, ¿en función de qué proyecto de sociedad?
Siento una ausencia de sueños en candidatas, candidatos y partidos. En lo que escriben, en lo que dicen, no hay mayores vuelos, solo horizontes chatos. Sus propuestas –las que se conocen hasta ahora—son colecciones de medidas, que van apareciendo en las pantallitas de los televisores o en las presentaciones “power point”. ¿Cómo se insertan esas medidas o propuestas de políticas en un marco más amplio? ¿Cuáles son las visiones de sociedad que hay detrás? ¿Un país desarrollado, como repite Oscar Arias, sin señalar sus contornos? Porque si el modelo son las sociedades del norte, con su cultura de consumismo y desperdicio, de drogadicción y de violencia, de capitalismo exacerbado y de guerras intervencionistas, gracias, pero paso.
Gobernar no es solamente un asunto de empleo de técnicas o de mejor gestión; es, fundamentalmente, se tenga o no conciencia de ello, una operación de conducción del Estado y la sociedad, por ciertos rumbos, que siempre se asegura que son para el logro del bienestar y la felicidad del conjunto. Pero como detrás de las buenas intenciones puede haber un oscuro mar de fondo, mejor, señoras candidatas y señores candidatos, nos dicen hacia dónde nos quieren llevar.
O, dicho claramente, ¿para qué carajos quieren el poder?
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