martes, 24 de julio de 2012

Un Bailey para la Caja


De antemano sabemos cuál va a ser la solución que darán las autoridades del MOPT cuando se cae un puente o falla una carretera: instalar uno o varios puentes Bailey. Diseñados con fines militares, estos puentes han continuado siendo usados en tiempos de paz como soluciones temporales a desplomes y desastres causados por la naturaleza.

Sin embargo, en Costa Rica, en muchos casos han terminado por convertirse en soluciones permanentes. Se dice que hay más de ochenta puentes de este tipo instalados en el país. Al menos hay una solución rápida y eficiente, aunque lo temporal se convierta en permanente, y se engorden los bolsillos de los distribuidores. Pero hay otras emergencias y desplomes para los cuales, desgraciadamente, no hay ni puentes Bailey ni Mabey, que es la otra marca presente en el mercado internacional.

Ese es el caso de la Caja, cuyas autoridades no terminan de encontrar soluciones temporales, y menos permanentes, a los males que le aquejan y que afectan a buena parte de la población. En estos días La Nación ha informado, con datos de la Unidad Técnica de Listas de Espera (UTLE) de la institución, que 652.000 personas esperan procedimientos diversos especializados, incluyendo cirugías. La Gerente Médica de la Caja adujo que las listas de espera siempre van a existir en una institución de seguridad social, pero, ¿en cifras tan elevadas? Estamos hablando de atrasos que afectan al 15 por ciento de la población.

Mientras tanto, la Sala Constitucional ha ordenado a la Caja resolver el atraso de 139.042 pruebas citológicas, vitales para la salud de miles y miles de mujeres, y el Hospital Max Peralta permanece intervenido, porque en ese centro hospitalario se concentra el 20% de la totalidad de los atrasos en la atención. Para mayores males, en La República se informa que varias compañías podrían haberse puesto de acuerdo para elevar los precios de los productos que ofrecen a la Caja.

Resignadamente la mayoría de la población asegurada soporta un deterioro que parece no tener fin. Los que pueden recurren a otras vías, y son muchas las personas que se endeudan para buscar cómo resolver a tiempo sus problemas de salud. Pero a otros no les queda más remedio que hacer fila muy temprano en el EBAIS, o esperar varios meses antes de acceder a una cita especializada o a una intervención quirúrgica.

¿Hasta cuándo vamos a aguantar? ¿No es hora de decir basta y movilizarnos sin distinciones de clase social? ¿Es que hemos perdido la capacidad de solidarizarnos y luchar por el logro de objetivos nacionales? ¿Será que a partir de 2014 se solucionarán todos los problemas, como promete un aspirante liberacionista, o que el proyecto país que anuncia otro contenga la pomada canaria que acabará con todos nuestros males?

Para la trocha fronteriza, que no es ni de lejos nuestro mayor problema, hay puentes Bailey, pero con la Caja ¿qué hacemos?

miércoles, 18 de julio de 2012

Manuel Castells sobre el poder y la libertad en Internet

Recomiendo esta magnifica entrevista hecha al afamado sociólogo catalán, Manuel Castells:

http://www.youtube.com/watch?v=zoWxG8Kc6oc

martes, 17 de julio de 2012

Criticar: ¿para qué?


Max Weber, el gran sociólogo alemán de principios del siglo pasado, decía que había dos categorías de políticos: los que viven para la política y los que viven de la política. Para los primeros, el ejercicio de cargos da sentido a su vida en la medida que intentan por esa vía conseguir objetivos que van más allá del puro interés personal. Es decir, que usan el poder para empujar propuestas o proyectos dentro de una cierta visión de lo que debe ser la sociedad y su gobierno.

Para los segundos, los que viven de la política, el desempeño de cargos es su fuente de ingresos y prestigio, razones por las cuales están dispuestos a modificar su pensamiento y ajustar sus servicios cuantas veces sea necesario, con tal de complacer al gobernante de turno y seguir disfrutando de cargos y prebendas. Nuestro medio está plagado de este tipo de políticos y políticas, mientras que los del primer grupo son escasos.

Esto no quiere decir que los del primer grupo sean una especie de ángeles del cielo, porque como lo señalaba el mismo Weber, detrás de las mejores intenciones políticas, de los mejores proyectos de bienestar colectivo, siempre hay un deseo íntimo de ejercer el poder y de deleitarse con sus símbolos y con sus ceremonias. Por esa razón es que el desempeño de cargos va generalmente acompañado de la exigencia de respeto, y a veces hasta de sumisión, para quienes los desempeñan, que dejan de ser ciudadanos y ciudadanas comunes y silvestres, para convertirse aparentemente en personas de otra categoría.

Su piel se vuelve entonces muy sensible, no únicamente al sol, sino a la crítica que empieza a ser vista, no solo como molesta e innecesaria, sino también como obstruccionista y en algunos casos hasta sediciosa y antipatriótica. Se busca entonces deslegitimarla recurriendo a todo tipo de argumentos, incluyendo legislaciones y prohibiciones con tal de acallarlas. Son muy pocos las y los políticos que aceptan de buena manera la crítica, sin importar su fuente, porque generalmente lo que les gusta es recibir los halagos y las alabanzas de quienes solo eso saben hacer. Porque una cosa es decirse demócrata y otra es serlo en realidad.

Vista como parte de la vida en democracia, la crítica tiene una función fundamental, porque no solamente sirve para señalar excesos y errores, sino que ayuda a la ciudadanía a mirar la realidad política y social desde varios puntos de vista, y a quienes gobiernan, a contemplarse en diferentes espejos, que arrojan imágenes de esa realidad que muchas veces se pierde de vista. Imágenes que sirven para mirar por dónde se va, qué se busca y si los medios que se están usando son los apropiados. Una especie de sistema de luces amarillas y rojas útil para la peligrosa navegación política.

Contribuir al logro social de tales objetivos es lo que me mueve a escribir esta columna todas las semanas.

martes, 10 de julio de 2012

¿Conflicto entre poderes?


El bloqueo de los diputados de oposición al proyecto de ley para la emisión de los eurobonos, hasta tanto la presidenta Chinchilla no pida la renuncia del vicepresidente Liberman y destituya al ministro Garnier, ha creado una situación complicada.

No se sabe si los diputados de oposición están dispuestos o pueden mantener el bloqueo hasta doblegar a la Presidenta, o si el gobierno puede desbaratar esta alianza circunstancial de la oposición, pactando con una o varias de las fracciones que la integran, manteniendo a los funcionarios en sus cargos sin ninguna sanción, a cambio de algunos beneficios para partidos o individuos.

La Asamblea ha entrado en receso, lo que baja en lo inmediato la presión y da tiempo para buscar algún arreglo antes de que termine el período de sesiones ordinarias, y se inicie el de extraordinarias de agosto. Sin embargo, a estas alturas parece difícil arribar a algún acuerdo sin sacrificios para las partes, porque las posiciones se llevaron innecesariamente al extremo, a mi juicio.

Para empezar creo que la presidenta Chinchilla y sus inmediatos colaboradores se precipitaron ante el Informe de la Procuraduría de la Ética Pública. Al fin y al cabo el párrafo final de dicho Informe dice textualmente lo siguiente: “Debido a lo que antecede se remite el presente Informe a la señora Presidenta de la República, a fin de que proceda como en derecho corresponda”. Y, ¿qué es lo que corresponde? No lo sé; quizás una llamada de atención hubiera sido suficiente para terminar con el asunto.

Pero lo desautorizaron sin tomarse el tiempo para estudiar el contenido, evaluar las posibles respuestas, medir su impacto dentro de la actual situación política nacional, y tomar la decisión que mejor conviniera a los intereses del gobierno y del país. Si así lo hubieran hecho, me parece que habrían evitado la actual crispación política o al menos podrían haber recortado sus contornos más agudos.

Tengo la impresión que la Presidenta y sus inmediatos colaboradores no están haciendo una lectura adecuada de la situación política del gobierno, o si lo han hecho, no quieren aceptarla. Porque el momento es muy malo, con reclamos procedentes de diversos sectores y rompimientos con algunos de ellos, que amenazan con agravarse, deteriorando aún más la imagen pública que se proyecta, como lo muestran los sondeos de opinión. La precipitada reacción del gobierno ha venido a fortalecer la idea de que ante la corrupción no se hace nada, independientemente de la calificación que merezcan los actos atribuidos a Liberman y a Garnier.

A la pésima reacción del gobierno, siguió otra parecida de la oposición legislativa, que tampoco goza de muy buena imagen pública, y ahora estamos donde estamos: ante las puertas de una crisis entre poderes, salvo que unos u otros cedan en los próximos días o semanas, con costos políticos que pueden ser elevados para el gobierno o para la oposición.

martes, 3 de julio de 2012

La negación como política pública


El hueco de la pista, hasta donde sé, no es culpa del gobierno de la presidenta Chinchilla. Las carreteras no son diamantes que duran para siempre; tienen una vida útil limitada, cumplida la cual deben ser renovadas so pena de que ocurran fallas como la comentada. Y eso le está pasando a la viejita Autopista General Cañas. Sin embargo, dada la mala imagen proyectada por el gobierno en la ciudadanía, el invocado hueco se le viene a pegar inevitablemente a la cadena de desaciertos. Otro reto más para el nuevo ministro de Obras Públicas y Transportes, Luis Llach, quien deberá sumarlo a sus otras preocupaciones: la solución de la platina y rectificar los errores de la trocha fronteriza.

Al menos hasta ahora no ha salido el Ministro de Comunicación a negar la existencia del hueco, porque la negación parece que se ha instalado en Casa Presidencial. Admitir que se cometen equivocaciones está fuera de lo esperable en el comportamiento de este y otros ministros de comunicación. Mucho menos el pedir disculpas.

Una especie de terror se desata frente los errores, como si la legitimidad del poder fuera producto de la infalibilidad de la Presidenta y su gabinete. Se olvida que gran parte de la legitimidad emana de la congruencia entre la realidad observada por la ciudadanía y los discursos que emiten las fuentes gubernamentales; en la confianza de que se habla con la verdad, que no se maquillan los resbalones y que lo que se comunica no es mera propaganda para distraer la atención sobre lo que verdaderamente ocurre. El tratamiento dado a lo sucedido en la trocha y al informe de la Procuraduría de la Ética son muestra de ello.
Creo que a la larga resulta políticamente más rentable decir la verdad, no ocultar errores y pedir disculpas cuando sea necesario. Nadie está esperando un gobierno de diosas y dioses infalibles. En un gobierno de seres humanos, no cometer equivocaciones resulta sospechoso. Claro, hay equivocaciones que no se corrigen con una mera disculpa y los responsables deben asumir las consecuencias.

En todo caso, el caos que provocó el hueco mostró nuevamente la vulnerabilidad vial del país. La falta de previsión de los gobiernos pasados en materia de vías de comunicación y desarrollo del transporte público nos salta a la cara. En este y otros temas estamos atrasados. Es más: no estamos dando el tono esperado y lo peor es que no sabemos cómo conseguirlo.

Dentro de este cuadro no puedo dejar de citar las declaraciones al diario La Nación de José Luis Machinea, exsecretario general de la Comisión Económica y Social para América Latina. Dijo: “En Centroamérica, cuando se le mira de lejos, me parece que Costa Rica sigue siendo el país al cual le sigue yendo mejor. Pero ya no es como hace 15 años cuando estaba entre los países más equitativos de la región junto con Uruguay. Ahora, Uruguay sigue ahí, pero Costa Rica ya no está”.

¡Ah, pero somos el país más feliz del mundo!